Un mar de estándares y complejidad
Hace un par de décadas, cuando parecía que la domótica iba a comenzar a dar el salto definitivo a nuestras viviendas, uno de los principales impedimentos era labaja capacidad de procesamiento de sus elementos técnicos y la dependencia de interconexiones cableadas.Esta situación ha sido ampliamente superada en la actualidad y prácticamente cualquier elemento domótico cuenta con unas tremendas capacidades de cálculo y sistemas de comunicación inalámbricas de alta velocidad que permiten su integración y utilización en cualquier parte del hogar.Ahora mismo ya podemos instalar en casa multitud de elementos controlables desde terminales móviles o a través de Internet, como por ejemplo bombillas, interruptores, televisores, equipos de sonido, persianas, cerraduras, grandes y pequeños electrodomésticos, sistemas de climatización, de riego, de vigilancia remota.
Además, podemos programar diferentes acciones fijas que sucedan según un horario concreto o incluso hacer que reaccionen de un determinado modo a un estímulo o señal externa gracias a los clásicos sistemas condicionales IFTTT (If This Then That).
Sin embargo hay algo que aún no hemos conseguido: tener todos los elementos domóticos arropados bajo un mismo estándar. Aunque la mayoría de fabricantes intentan que sus productos puedan operar entre sí con la mayor parte de equipos del mercado, la realidad nos confirma que es casi imposible incorporar todas las formas de conectividad posible (las más populares son Bluetooth, WiFi, ZigBee oZ-Wave) y si lo hacemos el precio del hardware se dispara.
Además, cada elemento utiliza su propio sistema operativo y aplicaciones propietarias lo que nos dificulta la tarea y nos obligan a comprar productos de la misma marca y gama tecnológica.
Para resolver estos problemas será necesaria la creación e implantación de un nuevo estándar universal que pueda ser adoptado por todos los fabricantes, en todas sus creaciones, como por ejemplo el propuesto por ZigBee en su versión 3.0, que ayude a reducir la enorme complejidad actual de la mayoría de sistemas domóticos.
Y es que este es justo el segundo gran problema de la domótica actual. Para poder instalar uno de estos sistemas completos hay que tener unos amplios conocimientos técnicos que quedan fuera del alcance del usuario medio. Éste se ve limitado, como mucho, a instalar y configurar elementos más sencillos como enchufes inteligentes o sistemas de iluminación, pero por lo general no es capaz de montar un sistema completo de control integral del hogar.
La reducción de esta complejidad llevará a la adopción masiva de los sistemas domóticos y con ello a la reducción de costes y a la incorporación de cada vez más tecnología y prestaciones en los equipos.

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